
I recently learned why zebras have stripes. Scientists used to think it was for camouflage, but new research suggests something more interesting: the stripes help zebras blend in with one another. When a predator looks at a herd, the overlapping stripes make it hard to single out one animal. But if a researcher spray-paints a dot on just one zebra, predators lock on it and eventually attack. The lesson? In the wild, blending in is protection. Standing out can be dangerous.
Human beings are not so different. Most of us would rather blend in than stand out, especially when it comes to our faith. We know that giving bold witness to Jesus - through our words, values, or public choices - can make us targets for criticism, isolation, or judgment. That's why Jesus' words in today's Gospel are so challenging: "You are the light of the world. A city set on a mountain cannot be hidden" (Matthew 5:14).
A city on a hill draws attention. It also draws fire. But that's part of the cost of discipleship. Jesus doesn't call us to be tribal or boastful. He calls us to stand in the open with humble confidence, so that people might see our good deeds and glorify our Father in heaven. Today, let's ask for the courage not just to believe in Christ, but to be seen believing in him.
- Father John Muir ©LPi
Hoy la liturgia nos prepara, con su Palabra, a ser conscientes de lo que significa ser sal y luz en nuestra vida cotidiana. Jesús pone como ejemplo elementos que usamos todos los días para dar sabor a la vida del cristiano. La amargura, la envidia y la oscuridad de pensamientos nos alejan de lo que verdaderamente importa: ser sencillos y encontrarnos con Dios. "Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo podrá ser salada de nuevo? Ya no sirve para nada, por lo que se tira afuera y es pisotea- da por la gente" (Mateo 5:13). Darle saborcito a la vida, añadiendo colores de humildad y apertura al diálogo frente a las adversidades que vivimos en la familia y en la sociedad, será clave para purificar y transformar nuestro entorno.
El Señor tambien nos llama luz del mundo: "Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa" (Mateo 5:14-15). Cuando se va la luz en nuestra casa, nos sorprende, porque a veces no tenemos ni siquiera una vela que nos alumbre, mucho menos una lampara con baterías. Sin embargo, al encender una luz -por muy pequeña que sea- sentimos alivio, porque podemos ver por dónde pisamos y así podemos realizar las actividades necesarias. Jesús quiere que sus segui- dores sean así: como una pizca de sal y un poquito de luz, para que todo funcione de manera distinta en la familia y en la sociedad.
©LPi
BACK TO LIST